lunes, 10 de junio de 2019

RABADÁ NAVARRO AL MALLO FIRÉ


“Por tercera vez vamos a enfrentarnos con la grandiosa pared sur-este del Firé, el que contemplamos en aquel amanecer del día del Pilar flotando sobre el mar de nubes, lo que contribuye a darle un aspecto más impresionante si cabe. 
Con Navarro de compañero de cordada avanzamos hacia el coloso que se yergue con una vertiginosa verticalidad dominando esbelto las laderas circundantes. 
Hemos preparado nuestro equipo a base de bien y en la “intendencia” incluimos un pollo con el que celebraremos el día, observando que, como el vino, también gana con la altura. 
Sumamos a la pesada impedimenta, aparte de la cámara fotográfica, un tomavistas con buen surtido de película, con la que pensamos “filmar” los pasos más interesantes. 








Tras un rápido inventario (a ver si todo está en orden), comenzamos con la escalada que coincide con la vía de la cara oeste por el extraplomo inicial –bastante serio- y la larga travesía horizontal por la que, rebasado el espolón, se hace difícil entenderse. 



Afortunadamente, algunos compañeros madrugadores están al pie del mallo y, haciendo de eco, conseguimos solucionarnos.



Más tarde, el grupo aumenta y desde una cornisa puedo contemplar a la expectación: Ferrer con sus agregados, que ha venido desde los chalets de la estación; Vidal, nuestro asesor-jefe en lo del tomavistas, y la para mí siempre amenazadora figura de Ramón “el Galletas”, quien cachaba en ristre parece querer decirnos que como no tengamos cuidado con la pared, lo vamos a tener que tener con él. 



Abandonamos la vía “Villar”, que con el en estos momentos “averiado” Villarig repetí hace dos años, comprobando que a pesar de estar poco frecuentada, es una de las más interesantes de Riglos por su variedad. 



Desde el tramo donde nos encontramos superamos un tramo muy liso de pared compacta, donde Navarro en el primer intento tuvo una caída, por lo que pasado el susto sólo nos preocupamos de si Vidal, que seguía la escalada, habría podido “filmarla” con su “tomavistas”. 



Procuro desterrar de mi pensamiento la caída de Navarro y prosigo el delicado paso a libre hasta que una fisura ya conocida de las otras veces me brinda la ocasión de colocar una segura escarpia. Continúo la fisura y poco más arriba –al desaparecer- tengo que bordear la panza (que muere en un paso que requiere toda la atención), hasta que alcanzo una cornisa formada por una laja semisuelta que da la impresión de ir a soltarse del todo al poner los clavos de seguro para la reunión.



Una vez que ha llegado Navarro, el que ha tenido que subirse la panza directamente, inicia el siguiente largo sobre mis hombros, pisoteándome a placer. 
En este largo evitamos, yéndonos a la izquierda en un aéreo flanqueo, la fea fisura diagonal que bautizamos “la cicatriz", aparente vía de ataque vista desde la base, pero que a su altura se ve impracticable. 
Navarro desparece de mi vista, avisándome de que sigue a libre; por mi parte, pongo toda mi atención en la maniobra, pues por experiencia de los anteriores intentos, sé que las cuerdas no corren bien, dificultando la progresión de mi compañero. 
Por fin alcanza una repisa y recupera la “despensa”, atendiéndome a mí a continuación, que paso recuperando el material. 
Es bastante tarde cuando alcanzo la repisa en la que decidimos instalar el primer vivac, satisfechos de poder aligerar en parte el pesado petate. 
Luego, sacándole el mejor partido posible a la estrecha cornisa, arrebujados en las chaquetas de pluma, nos disponemos a pasar la noche. 



Sobre las seis de la mañana, tras haber dormido toda la noche de un tirón, prosigo desplazándome a la derecha por la misma cornisa del vivac hasta una panza que supero con la ayuda de un pitón; sobre ella supero en diagonal un muro bastante liso que se extraploma al final. Logro superar dicho extraplomo con cuatro malos clavos y preparo la reunión. 
La siguiente tirada a cargo de mi compañero continúa –como no- a base de pisarme los hombros; luego, en un alarde de equilibrio, supera una panza siguiendo por un diedro descompuesto del que logra salirse en un difícil flanqueo. Al final de éste, llega a la repisa donde dimos la vuelta en el segundo intento. 



Colgado del clavo del rappel (¡vaya clavo!) estudio la continuación del itinerario, desconocido desde aquí. Por encima de la panza, en cuyo borde estoy suspendido, otra más saliente cierra el paso, siguiendo un trozo de pared por la que calculo que se podrá progresar más rápidamente; una tercera panza cortada por una fisura y la perspectiva achata el resto de la pared visible.

Supero los dos primeros extraplomos difícilmente. La pared no me ha engañado y supero el trozo liso con más facilidad. Finalmente, tengo que subir la fisura del final utilizando medios nada académicos y, tras hacer bastante fuerza consigo encaramarme a una repisa al pie de un muro de aspecto más fácil por el que sube Navarro en un rápido largo de cuerda.





Nos reunimos en un rellano al pie de una panza -¡Panzas y más panzas!- surcada por tres chimeneas a cual más fea. Tenemos que deliberar cuál ha de ser la que sigamos y cómo alcanzarla, cuando nos decidimos por la central. 
Después de varios infructuosos intentos por llegar a ella de frente, lo logro dando un rodeo por la derecha sin que la cosa sea mucho más fácil, a base de paciencia y de fiarme de unos pitones más bien malos. 
La chimenea, salvo una sabina a mitad que se nos engancha el petate, no ofrece otro problema que un “techillo” al final, el que da salida a una pared de excelente roca, lo que hace prorrumpir en exclamaciones de gozo a Navarro a medida que la va subiendo. 
Mi aviso de que no le queda cuerda lo sorprende en un estrecho resalte, donde visto que el día toca a su fin, se decide preparar el segundo vivac. 




Resulta agradable relajar los músculos y ceder en la constante tensión nerviosa que la escalada requiere. Veo sonreír a Navarro satisfecho mientras va trasegando cosas del petate al estómago; luego, saciados, contemplamos la aparente miniatura del paisaje a vista de pájaro, mientras esperamos el reparador sueño que por la confusión de recuerdos no debió de tardar en venir.



 Al aclarar el día nos decidimos a emprenderla de nuevo. A la rosada luz del día, vemos lo que tenemos encima… no es muy prometedor… lo único prometedor es la dureza del día que nos espera. En este segundo tercio, la pared presenta una de sus mayores defensas con una serie de extraplomos continuados durante cuarenta o cincuenta metros. Sobre ellos, unas cornisas amplias son nuestra meta momentánea.



Tras filmar a Navarro a la salida de tan aérea “cama” con el consiguiente desentumecimiento de músculos, comienzo la tarea. El primer largo en diagonal a la izquierda, permite sortear los primeros desplomes, siendo en la siguiente –a la derecha- cuando nos encontramos en medio de ellos.




Deliberamos de nuevo ir un poco más alla “a ver qué hay”, pero ante la perspectiva de un retroceso no queda otra solución que seguir derecho. 
De esta forma, momentos después me encuentro haciendo artesanía pura a base de pitonisas, “pitoncitos” y toda quincalla menuda que tengo, pasando un rato apurado hasta que penduleando me sitúo en una repisa donde descanso de la fatigosa tirada. 




Otro largo queda para salir de esta segunda zona de panzas. Veo a mi compañero empezarla con un brío que queda frenado ante la imposibilidad de pitonar ni medianamente bien. Son momentos de gran tensión: sobre uno de los clavos que ha conseguido colocar suspende un estribo… y es al querer apurar el último peldaño cuando se produce la caída. Todo ocurre en breves instantes. Al desprenderse el primer clavo, el segundo lo hace también y es uno de la reunión el que aguanta el “vuelo”, de él queda suspendido unos metros por debajo de mí sin mayores consecuencias que un dedo magullado, un reloj hecho puré amén del consiguiente sobresalto.



Mientras ataca otra vez, ésta con los bríos un poco mermados, le pido que repita el “retroceso” al objeto de “filmarlo”… en principio dice que sí… que no sé qué de mi tía. 
Al segundo intento hay más suerte; el clavo aguanta lo suficiente para alcanzar la parte superior del extraplomo por el que se desplaza a través de una pequeña muesca al pie de un tramo de pared sumamente vertical de unos quince metros.



Intento dar con otra cornisa en las dos horas de luz que quedan, pero al no conseguirlo, nos resignamos a pasar la noche allí organizándonos un balconcillo con las cuerdas, que supla la falta de terreno horizontal. 
Por otra parte el tiempo parece que no quiere colaborar y una fría llovizna nos hace presumir que el día de mañana no va a ser mejor que hoy. 
Resguardados con los plásticos contemplamos al amanecer todo velado por la niebla. El Pisón, con el erguido y provocativo Puro que tenemos enfrente, escasamente se destaca de las brumas que lo envuelven. Si no le da por llover recio…


Echamos mano de la última reserva de clavos que queda en el petate, ya que muchos han sido abandonados, otros rotos y bastantes han caído abajo. La escuálida mazurca se nutre de nuevo y con ella en ristre trepo por la triple hasta el punto que ayer retrocediera. Como la tarde anterior, todas mis tentativas se estrellan ante la imposibilidad de clavar y, como no me seduce la idea de empezar a burilazo limpio, decido buscar nuevos horizontes. 
A fuerza de artesanía y clavos “made in circunstancias” me desplazo a la derecha hasta una entosta donde puedo meter un sólido pitón que asegura la continuación de la travesía, pero al llegar al límite de la travesía y del material sin encontrar una solución, regreso a la entosta donde, cansado de tanto paseo, me aseguro y recupero a mi compañero. 

Si placer me causa comerme la manzana que al llegar junto a mí me alcanza Navarro, más placer me causa todavía oír el clic del mosquetón puesto sobre el primer clavo que ha conseguido meter; a éste se sucede otro… ¡y otro! Ya toca la repisa por la que esperamos salir de este agotador trozo de pared, y por ella se desplaza hacia la izquierda, hasta sitiuarse en una buena cornisa, al otro lado del espolón, en la que, a juzgar por los gritos de júbilo que da, calculo se terminan los problemas gordos (¡ya era hora!).



Al final de la tirada siguiente y mientras mi compañero se acerca a mi altura, no siento otra cosa que llevar el tomavistas descargado. Es impresionante verlo suspendido de estos hilos de araña que nos unen, recortado sobre el pueblo que se ve diminuto entre su cuerpo y la pared, por la que con su habitual y tranquila agilidad está trepando.



Otra tirada de cuerda por unos metros de pared lisa, una corta canal con mala salida y alcanza Navarro un nido de buitres (también se buscan la casa alta estos animalicos). 



Nos reunimos en él, estamos cerca ya de la cima, pero la noche se nos echa encima y decidimos preparar el último vivac, porque a pesar de la cercanía, desconfiamos de cómo estará el tramo que queda y no es cuestión de exponerse a pasarla en un estribo, teniendo a nuestra disposición el “confortable” nido.



El petate está ya fláccido; sólo unas pocas provisiones y el material de vivac… por la noche. Por la mañana, las provisiones las subimos puestas; alivia algo izarlo, pero en cambio la sensación del estómago ya no se pasa apretándose el cinturón. La última tirada es a cargo de Navarro pues, tras los suspenses de ayer temo no encontrarme en las mejores condiciones.

Lo veo partir decidido por un extraplomo, sobre nosotros, del que pasa a una especie de medio cono a la derecha, por el que continua en arriesgado largo a libre hasta el redondeado de la cima de la Punta No Importa.



Desde aquí ya poco puede interesar lo demás: pasar a la Buzón y descender en rappel hasta la glera y por ella hasta el pueblo es corriente. Únicamente querría expresar nuestro agradecimiento a todos los que, aunque sólo pudiese ser con su presencia y su fe, nos animaron a conseguir esta escalada cuya nueva vía denominaremos “Félix Méndez”.
Alberto Rabadá, 1961








viernes, 15 de marzo de 2019

A ESTAS ALTURAS DE LA VIDA...




Una de las últimas veces que escalamos en el sector "Juego de Bolos" en Cuenca, Miguel anduvo probando un 7b+ muy bonito que me encantó. 
Por supuesto, como es un grado que me supera con creces, lo escalé con la cuerda por arriba. La primera vez que subí me pareció ciencia ficción. La segunda, no sólo desentrañé el puzzle de todos sus pasos, sino que ni me colgué ni me caí. 
Voy a intentar evitar decir que la "encadené de segundo", porque son dos términos incompatibles, pero lo cierto es que cometí el error de encadenar un paso tras otro, con lo que me sentencié a mí misma a escalarla de primero la próxima vez...ay madre mía....


Pues ese día "próxima vez" llegó una semana después. Estuve toda la semana escalando los pasos de "mi 7b+" mentalmente. Me los sabía al dedillo, así que cuando llegamos a pie de vía y Miguel me ofreció "montarla", no lo dudé. 
Confiaba en que podría poner sin muchos problemas las 10 primeras cintas y sabía sin duda que para las tres siguientes iba a pedir la caña.

Bueno, pues más o menos, así fue. Le dejé a Miguel todos los cantitos bien cepillados y me bajé. Subió Miguel y encadenó sin ningún problema. Se bajó contentísimo. Llegó mi turno.

Según me estaba calzando los gatos, verbalicé el siguiente propósito: "Miguel... mi objetivo es no colgarme y no tirarme. Voy a caerme escalando..." y con esa firme determinación comencé a escalar.


Empiezo a escalar la primera parte, supuestamente la más fácil, pero que para un "de pacotilla" de mi categoría,  de fácil no tiene nada. Es un diedro/fisura con agarres pequeñitos y apoyos malos para los pies, que hay que gestionar con un poco de técnica de diedro y algo de fe.


  Al salir del tercer seguro se acaba el diedro y se cierra la fisura. Salgo a una placa gris con regletas donde me muevo sin grandes problemas hasta el siguiente seguro.


          Vuelve a cambiar la roca. Se acaban las regletas y empieza una zona naranja de agujeros que me deposita de nuevo en la fisura que viene desde abajo y que ahora sí empieza a ofrecer canto. El quinto y sexto seguros se cosen sin problemas. 



Es para salir del sexto seguro cuando empieza a aumentar la dificultad. En el pegue anterior no he sido capaz de resolver con éxito este paso, así que ya voy preparándome para caer. Subo el pie izquierdo a una regleta. Coloco la mano derecha en un plano lateral que ofrece la fisura y que se me puede ir en cualquier momento. El pie derecho alto, en oposición, en la fisura. Abandono el agarre bueno que tengo en la mano izquierda y cojo uno malo, muy malo. Dos dedos de la mano derecha en una pestaña lateral que hay en la fisura. Es un momento de apuntar con la mirada al agarre bueno para intentar alcanzarlo con la mano izquierda. Cuento hasta tres y voy a por él. Lo cojo mientras me da la sensación de que caigo, pero no caigo!! He cogido el agarre bueno!!!!

Tengo ahora también uno bueno para la derecha. Coso el séptimo seguro desde aquí.

Mientras bajo pulsaciones, empiezo a pensar en cómo irme hacia la derecha. Me paso fácilmente a ese lado de la fisura y vuelvo a pararme a relajarme un poco. Coso el octavo seguro. Cuando noto que estoy tranquila sigo escalando, ya con buen agarre en la fisura, hasta el siguiente seguro.

Se acaba la fisura y empieza otra placa de agujeritos pequeños pero buenos, que me dejan sin problemas en el décimo seguro. Aquí empieza realmente el 7b+.

Me muevo por debajo de la décima cinta yéndome cuidadosamente hacia la izquierda. Tengo la sensación de que puedo caer en cualquier momento, y de que todo lo que consiga ya es de regalo. Voy concentrada en los pasitos que voy dando. 

Bidedo con mano izquierda, regleta con derecha. Subo los pies a dos mierdas. "Crispies" con derecha, huevera con izquierda y vuelvo a mover los pies. Hay que subir el pie derecho a la regleta que cogí antes con la mano. Desde allí ya llego a un agarre medio-bueno para las dos manos. "Chapo"el onceavo seguro.

Desde aquí tengo justo encima dos regletas pequeñas pero netas. Sé que Miguel sube desde aquí recto, pero yo tengo que irme hacia la izquierda. Desde las mini-regletas voy moviendo los pies con cuidado y me agarro a unos pinchitos a modo de agarre lateral que hay a mi izquierda. Me monto en unas mierdas para los pìes y me agarro con derecha donde puedo. Vuelvo a subir un pelín los pies y alcanzo una regleta lateral salvadora. Desde ella, después de subir los pies una vez más, llego a un taco muy bueno con derecha. Estoy salvada una vez más!! Coso desde aquí el doceavo seguro.

Se acaba la placa y empieza la zona desplomada. En realidad no llega a ser un desplome. Es una pequeña panza. Agarro una regletita con la mano izquierda. Cruzo la mano derecha por encima a un agarre redondito muy pequeño a modo de huevera. Subo un poco los pies. Un invertido con la izquierda me deja subir los pies un poquito más. Ya llego al agujerito con la mano derecha, pero no lo hago bueno. Se me escapa, ayyyyy, que se me vaaaaaaaa...que me caigoooooo...Venga! Acuérdate!! no colgarse!! no tirarse!! caerse escalando!!! 
Una vez más, fuerzo el paso a la vez que me visualizo cayendo. Estoy preparada. Consigo colocar los pies un poquito mejor y al meterme de lado, soy capaz de sacar la mano izquierda. Agarro un tridedo muy corto. Nadie lo usa. No está manchado. Saco la mano derecha y ya estoy en el agarre bueno!!! y aún no he caído!!! Abro el pie derecho a una regletita dibujada a mi derecha y cruzo la mano izquierda sobre la derecha. Este agarre lateral también es bueno. Coso la cinta número 13 desde aquí. Bueno, pues me queda lo peor. Venga!!!
Preparada para volar. No da miedo. Tengo el seguro muy cerca. Cierro un poco el pie izquierdo para poder llegar a un lateral que hay a mi derecha. Un poquito más arriba el pie derecho, el izquierdo justo debajo de la cinta y sé que si saco la mano llego ya al primer agujero bueno!!!
Si no se me va un pie lo alcanzo!!! Bien!! Lo tengo!!!
Miguel empieza a jalearme. Yo aún no respiro. Agarres buenos para las dos manos. vuelvo a mover los pies y estoy en la reunión!!!! No puedo creerlo!! 
Cagüenlá, qué bien lo he hecho!!! jajajaja
Me río. Me río todo el rato mientras desmonto la reunión. Me río mientras me baja Miguel. No puedo parar. Estoy feliz. Sorprendida y feliz. Lo que hace la serenidad y sobre todo la motivación.


A estas alturas de la vida...7b+


sábado, 9 de febrero de 2019

PROPÓSITOS




Lo sé, lo sé...estamos ya en Febrero...un poco tarde para hablar de propósitos de año nuevo, ya...
No es que me haya sentado ahora a hacer balance del año. El balance ya estaba hecho, y los propósitos bastante claros, pero no he encontrado el momento, y si lo he encontrado, la pereza no me ha dejado escribirlos, que le vamos a hacer. Nunca es tarde, dicen...

Un año nuevo empieza como empieza un amanecer. El sol sale, los ojos se abren, te desperezas y comienzas a vivir después de haber estado "muerto" durante un tiempo más o menos largo. Lo que se dice un regalo. Hay gente que esa mañana se propone un cambio de hábitos. Otros se conforman con incorporar a su vida hábitos que querrían tener, y otros afrontan el desafío de desterrar los hábitos que sueñan con dejar de lado. 

Hay quien antes de pensar en los nuevos propósitos, hace un balance del transcurso del año. Ese es mi caso. Anoto en un surco del cerebro las medallas y en otro los arañazos, ambos igual de válidos, pues sin los unos, los otros no existirían.

Cuando hago repaso es cuando surgen los nuevos propósitos, pues, por muchas que sean las medallas, siempre queda algún arañazo por curar.

El 2018 fue sin duda el año de los grandes retos de superación personal a nivel físico, que al final, aunque no lo creáis, están íntimamente conectados con el resto de lo que somos. Siempre existe esa traducción, esa transferencia, o como queráis llamarlo...

Comenzamos la temporada de bici muy pronto, demasiado pronto, pues desde el principio de temporada ya teníamos tres objetivos a la vista. Y lo de muy pronto se mide por el frío que pasas entrenando. Al borde de la amputación de un dedo de un pie. Con eso lo resumo todo.

El primer objetivo fue la marcha de "Los 101 Peregrinos", el 28 de abril. 103 km por el Camino de Santiago de invierno y 3.300 metros de desnivel, que conseguimos completar en 6 horas 45'.  El reto era poder hacerla juntos así que yo iba con la eléctrica. Estuvimos entrenando juntos desde el primer día, por lo que no cogí mi bici sin motor hasta después de esta carrera. Lo que me acojonaba de esto es que los siguientes objetivos no eran con la eléctrica y no estaba para nada convencida de que los entrenamientos con la eléctrica fueran a dar resultado.

Bueno, pues no sólo dieron resultado, sino que estaba más fuerte que nunca! Los detractores de la bici eléctrica no tienen ni idea de las posibilidades que tiene...
Lo comprobé en la prueba de "Titán de Villuercas" el 20 de mayo, esta vez sola. 83 km y 2.000 metros de desnivel que me llevaron 6 horas y media. ¡Qué subidón!

Por supuesto no hice los 83 km silbando, que me costó lo mío, pero aprendí unas cuantas cosas. Cuando hacia el kilómetro 60 llegó el bajón, y al contrario de lo que había hecho en alguna otra ocasión, decidí no rajarme y seguir adelante pasase lo que pasase. 
Bueno...pues lo que pasó fue que pedaleé unos cuantos kilómetros a un ritmo bastante más lento del que llevaba durante la primera parte de la carrera, y la "pájara" se fue pasando, de manera que terminé recuperándome y entrando en meta sintiendo que me había buscado y me había encontrado, todo en el mismo día!! Me sentí como nunca...
Reseñar que fue la última edición de esta carrera y que nosotros estuvimos allí...

El siguiente objetivo lo teníamos a un mes vista, así que mientras tanto seguimos entrenando. Entre entreno y entreno hubo algún descanso maravilloso como fue la escapada a Lisboa a finales de mayo al concierto de Vetusta Morla. Irrepetible...

Y nos plantamos a mediados de Junio frente a nuestro siguiente objetivo. "La Dolorosa", en Isuerre. 100 km y 2.400 metros de desnivel que completamos Alejandro y yo en 9 horas!! 
Miguel optó por el recorrido de 200 km que a nosotros se nos iba de presupuesto. Terreno durísimo, recorrido espectacular.
 Reseñar de nuevo que corrimos la última edición de ésta magnífica prueba. Coincidencia?? no lo creo...

A pesar de los kilómetros, sufrí bastante menos que en la prueba anterior. Ir en compañía de Alejandro lo hizo todo más llevadero.

Esta era la última carrera de BTT del año para mí, así que mis piernas estaban igual de contentas que mi cara...


Miguel completó su carrera con un éxito rotundo. Muy emocionante...


Y llegó el final del mes de Junio y con él el final de un curso duro, muy duro, durísimo como pocos, y le pusimos fin con otro concierto de Vetusta Morla, éste ya no tan irrepetible, en Madrid.

Y a Miguel aún le quedaba por cumplir un objetivo con la bici. Éste sólo para muy valientes. La "Pedals de Foc Non Stop", 213 km y 6.200 metros de desnivel...sin comentarios...

Bueno...pues no sin mucho esfuerzo y dolor de todo, consiguió completar la prueba en 13 horas 50 minutos, y allí estuve con él siguiéndole por toda la prueba y esperándole en la meta. Qué alegría!!


Lo celebramos pasando unos días de merecido descanso en el Valle de Boí. Una maravilla.

Qué grande...

Y llegó el verano, y con él el momento de ponernos a prueba con el siguiente objetivo, más duro que todas las carreras habidas y por haber, y que no era otro más que ser capaces de pasar unas vacaciones de verano haciendo otra cosa que no fuera escalar. Dios mío...seríamos capaces de superar este reto?????

Pues sí señor!! lo superamos con creces!!! jajajaja
Casi veinte días encima de la moto sin llevar en la maleta ni las zapatillas de correr!!!!

Y la moto nos llevó hasta Escocia y nos trajo de vuelta a casa con la retina empapelada de imágenes maravillosas y el disco duro repleto de momentos fantásticos. Sin duda, aquí se forjó uno de los objetivos para el siguiente verano...seguir conociendo sitios maravillosos donde nunca nos ha llevado ni nos llevará la escalada.

Y además de la moto, el verano nos regaló unos cuantos días de más para disfrutar de la montaña y también del agua del mar.

Muy bonito Cádiz y sus atardeceres, pero va a ser difícil que nos pillen aquí otra vez...no sé yo...

Y llegó Septiembre, y con él un nuevo curso. Esta vez más amable que el anterior. Lo bueno y malo que tiene mi trabajo en el instituto con los chavales es que cada año es diferente. Distinto horario, distintas asignaturas, distinta "clientela"... unas veces para mal y otras para peor...jejejeje...


Y como todo hay que celebrarlo nos vamos a ver a De Pedro en un concierto irrepetible (una vez más) en el botánico de Gijón.

Y llegó Octubre y con él se marchó ella...
El último resquicio, el último aliento que quedaba de nuestros antepasados. Muertos padre y madre, y cuando creíamos que sería inmortal, nos llegó el momento de quedarnos sin ella, sin la abuela Jacinta, un ejemplo y una lección de vida para mis hermanos y para mí...

Uffff...y nos plantamos en Noviembre, que llegó pidiendo paso devorando nuestras piernas después de cuatro meses corriendo para prepararlas nuevamente para un maratón.

El día 9 de Noviembre nos plantamos en Atenas y nos disponemos a hincharnos a musakas para cargarnos de hidratos e intentar sobrevivir dignamente a su maratón, "The Authentic Marathon". Una experiencia inolvidable en el más amplio sentido de la palabra...

La prueba se celebró el domingo 11 de noviembre con salida en Maratón y llegada en Atenas. 

Comencé la prueba con muy buenas sensaciones. Demasiado buenas. me encontraba bien y corría a un ritmo bastante más rápido del que debía ir. Demasiado rápido...
Aguanté el ritmo endemoniado durante casi 30 kilómetros, lo que ahora ya me parece inexplicable, y de repente, llegó la pájara. Empecé a marearme y se cerró el estómago. No podía beber ni comer, así que me dediqué a echarme el agua por la cabeza en un intento de no caer redonda al suelo. Decidí no parar, pues sabía que si paraba y me atendían los servicios médicos, la carrera se acababa para mí, y difícilmente íbamos a volver aquí otra vez, así que completé los 42 kilómetros así, andando, dando tumbos y echándome las botellas de agua por encima. Muchos pensarán que así no merece la pena terminar. Yo ese día pensaba lo mismo. De hecho, no dejé de pensarlo hasta que en el viaje de vuelta, ya en el avión, otro corredor bastante más experimentado nos contó su experiencia. Con más de 15 maratones en sus piernas y un tiempo personal de 3 horas, en una de las tantas maratones de Madrid en las que participó, sufrió una pájara y tuvo que terminar andando, haciendo un tiempo de 6 horas!! y el tío, lejos de rendirse, después siguió participando en más maratones como si tal cosa!! 
Si eso le puede pasar a un "experto" en maratones, qué no me podía pasar a mí!!

Me pasé de vueltas y no supe medirme. Algo que aprendí...
Llevé mi cuerpo al límite y lo superé. Otra cosa más que aprendí...
Como la vida misma...

Y con la tremenda experiencia de la maratón de Atenas dimos por terminados los objetivos deportivos de 2018. 
Brindamos por ellos a finales de Noviembre, en Salamanca, en un concierto inolvidable de Love of Lesbian que nos llenó el corazón de sonidos maravillosos.

Y aún no habiendo terminado el año, con todos los objetivos cumplidos, la cabeza empieza a pensar en las metas a alcanzar durante el año siguiente. 
Viajes en moto, mundos por recorrer, kilómetros por pedalear y paredes por escalar. 

Se va formando en la cabeza una lista de deseos, unos más tangibles que otros, que escribimos en nuestro cerebro como si fuera una hoja de papel.


Y nos damos cuenta de que nos cuesta trabajo pensar en la escalada, pues tenemos la sensación de que la abandonamos poco a poco y nos preguntamos porqué...

Será la masificación que sufren todos los sectores y paredes del mundo? 
Será la hartura de ver a todo el mundo haciendo lo mismo??

 Todos queremos sentirnos diferentes, y al final todos terminamos haciendo lo mismo. 
Hubo un momento en el que echarse al monte el fin de semana y escalar grandes paredes o hacer escaladas de dificultad era lo más, te hacían sentir diferente. Ese anhelo por ser diferentes ha terminado por hacernos a todos iguales...

Algunos echamos la "culpa" a la proliferación de los rocódromos, que promueven masas de gente agolpada en los mismos sitios, los sitios de moda. 
Los sitios de moda que se llenan de clecas, de basura, de niños sueltos y de perros incontrolados dando por culo, de gente gritando "abro yo!" o  "limpiaaaaa"...en fin...qué será, será...

El caso es que nos plantamos en Diciembre deseando disfrutar de las Navidades que tanto nos gustan como sólo nosotros sabemos. Un poco de escalada, un poco de familia, un poco de nieve, un mucho de cosas ricas de comer y un mucho de bebidas que dan chispa al espíritu.

"...y en el reloj de antaño, como de año en año...
cinco minutos más para la cuenta atrás...
hacemos el balance de lo bueno y malo...
cinco minutos antes de la cuenta atras..."
Mecano, "Un año más"


"...hoy ha pasado un año,
celebran su aniversario,
hoy vuelven a empezar,
comienza un año nuevo..."
Amaral, "El día de año nuevo"



"...no podré contar qué sucedió ayer,
fue hace tanto tiempo que el sol se ha vuelto a poner...
...con vivos, muertos, brindando juntos
por un año más, un año menos,
que dolerse de esta herida y esta luz..."
Vetusta Morla, "Año Nuevo"



"...para no dejarme nada en el tintero,
contaré la historia desde enero,
día primero del mes...
...en el año más extraño de mi vida,
hubo un eclipse de sol,
100.000 especies extinguidas
y gritos de revolución,
pero yo sólo recuerdo tu voz..."
Shinova, "Doce meses (el año del maravilloso desastre)"


"Enhorabuena a todos los que acaban el año,
un año más...
...se ha acabado, si has llegado al final ganaste el juego,
pero momentáneamente, porque empieza de nuevo..."
Tote King, "Un año más"


















"Hoy será mi primer día,
y mañana también,
y el resto de mi vida...
...hoy he vuelto a por mi tiempo,
hoy me quedo a vivir en mi cuerpo..."
Los Aslándticos, "Mi primer día"

Y así fue como dimos cerrojazo al 2018 y abrimos la puerta al 2019, recibiéndole con la lista de propósitos en una mano y el lápiz en la otra para ir tachando uno por uno los retos conseguidos.
Ya sé que es tarde, pero os deseo a todos un muy feliz año...